miércoles, 22 de febrero de 2012

Comienza la Cuaresma con la tradicional imposición de cenizas


 
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El papa Benedicto XVI encabezará la procesión en el Monte Aventino
 

Benedicto XVI la recibirá de manos del cardenal Josef Tomko, quien pronunciará ante el Papa aquel “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”.
Pocos saben que desde hace aproximadamente 1.200 años, los papas salen del Vaticano cada miércoles de ceniza para recibirla en una basílica de Roma.
Desde hace décadas, la ceremonia comienza en la basílica de San Anselmo, en el monte Aventino de Roma. Desde aquí parte una procesión penitencial presidida por el Papa, que llega hasta la basílica de Santa Sabina. Es una procesión cuesta arriba para simbolizar el esfuerzo que debe hacer cada católico para ser santo. 
Pocos días más tarde, el Papa suspenderá todos sus encuentros durante siete días para realizar sus ejercicios espirituales. Comenzarán el domingo 26 de febrero y concluirán el sábado 3 de marzo.
Los predicará el cardenal Laurent Monsengwo Pasinya, del Congo. Es uno de los representantes más prestigiosos de la Iglesia africana, y una de las principales voces en defensa de los derechos humanos.
Un día después de sus ejercicios, el Papa visitará una parroquia de Roma. Este año le toca a la de San Giovanni Battista de La Salle al Torrino.
La intensa agenda de esta cuaresma se cierra con dos grandes eventos: la visita del primado anglicano Rowan Williams, el 10 de marzo; y el viaje del Papa a México y Cuba del 23 al 29 de marzo.
El Papa regresará a Roma tres días antes del Domingo de Ramos. Tendrá sólo 72 horas para recuperar fuerzas antes de las intensas ceremonias de Semana Santa.
 
Mensaje de Benedicto XVI
“La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de anestesia espiritual que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás”, recordó el pontífice en el texto.
Señaló que con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás, lo que impide “la mirada amorosa hacia el hermano”.
“Nunca debemos ser incapaces de tener misericordia para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre”, añadió.
Indicó que “el encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza”.
Según Benedicto XVI, la atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual.
“La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es bueno y hace el bien”, resaltó.
Señaló que el bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión.
“La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien del otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades”, añadió.
Destacó que la tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de “corregir al que se equivoca”.
Por ello, dijo, “es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar”.
Sin embargo, precisó que “lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano”.
“En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad”, agregó.
Dijo que “este ser guardianes de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida solo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual”.
“Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así”, advirtió.
 
Las claves del mensaje
En su mensaje para la cuaresma de este año 2012, el papa Benedicto XVI toma como base de sus reflexiones una frase de la Carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras” (10,24). Seguramente la hemos leído muchas veces, sin advertir la profundidad que encierra. En esta ocasión, el Papa subraya tres puntos que pueden servirnos de pauta de vida durante la cuaresma.
1. “Fijémonos”. Vivimos de forma apresurada, sin preocuparnos de la situación de los demás o de los desgarros que puede causar en el corazón de los otros. La indiferencia o el desinterés nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la esfera privada. Pero el texto bíblico nos exhorta a estar atentos los unos a los otros. Ignorar la suerte de los hermanos puede ser nuestro pecado más grave.
Hablamos mucho de solidaridad, pero olvidamos la fraternidad. Sólo la fe nos hace descubrir en el otro a un hermano. “Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón”. Y la compasión nos llevará a descubrir las necesidades materiales de los demás: Pero también sus fallos morales para ofrecerles el don de la corrección fraterna.
2. “Los unos en los otros”. Con razón dice el Papa que “una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida”.
Humanamente no podemos vivir aislados. Y cristianamente, sabemos que pertenecemos a un mismo cuerpo. “Esto significa que el otro me pertenece, su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación”. Mis pecados envenenan el aire que los demás respiran, como decía el protagonista de la novela “El diario de un cura rural” de Bernanos. Los pecados de los demás son zancadillas que dificultan mi camino, pero su bondad me acompaña y me anima. Todos colaboramos a mantener la esperanza de los demás.
3. “Para estímulo de la caridad y las buenas obras”. El estímulo al bien es la clave de la caridad y de la fraternidad. No hemos sido puestos en el mundo para acomodarnos en la pereza. Hemos sido llamados a caminar juntos en la santidad. “El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios”.
Hay que superar la tentación de la tibieza y recordar nuestra vocación a la santidad. No todo lo que somos se reduce a las obras que hagamos. Pero no podemos dejar de practicar el bien, teniendo en cuenta que el bien ha de ser bien realizado.
 “Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6,10)”. Buen recordatorio para este tiempo santo de preparación a la Pascua.

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